... Y es que, cuando me abrazas por las noches, el espacio se desvanece y el tiempo deja de existir, quedando los prejuicios en un plano difícil de recordar, lejano, como un sueño antiguo y profundo que no soy capaz de recrear.

Sentir que sólo existen tu cuerpo y el mío, tu calor en mi espalda y el mío siendo rodeado por tus brazos... Los cuerpos se esfuman, las energías crecen y se elevan sin mirar atrás, haciéndome entender qué es lo que me hace vibrar por las mañanas, mientras recuerdo aquel suave momento en el que nuestras almas se unían sin placer carnal, en un lugar que sólo dios comprende, un lugar lejos de aquí, un lugar al que juntos llegamos mientras nuestros cuerpos dormían yacientes en aquel que no puedo llamar mi lugar...
Mi lugar es aquí, en la lejanía, contigo.