Se sentía tan afortunada, afortunada de tener algo real, algo nuevo y hermoso, algo que la llenara e hiciera su vida aún más emocionante. Ese amor profundo que sentía y que jamás nadie le quitaría, amor que honestamente no se llena ni describe con palabras. Y lo besaba por todas partes queriendo congelar ese momento para siempre, viviendo felizmente una eternidad junto a ese ser que sólo podía entregarle cariño y amor. La vida le dio un regalo maravilloso, un regalo para siempre, el que en un principio fue difícil de afrontar pero que en este minuto vale cada lágrima derramada e inseguridad por la que pasó, sólo eran inseguridades que hoy agónicamente le decían adiós. Hoy podía sonreír a la vida sin problemas y sin importar la adversidad presentada, sacaría energías y fuerzas de donde fuere sólo por él, su razón de vivir, su tan esperado hijo.
